Las empresas Recuperadas en Argentina: Movilización Social y Redes de Autogestión

October 10, 2016

En artículos anteriores he analizado las modalidades típicas de autogestión, en un caso, y los mecanismos que explican las formas concretas de movilización sobre las que se apoya la autogestión obrera.1 En este artículo se analiza el vínculo que existe, precisamente, entre la movilización social y la autogestión.

¿Qué evolución han tenido las organizaciones políticas del movimiento social? El primer rasgo importante consiste en la inexistencia de un movimiento social, política y organizativamente unificado. Los conflictos entre conducciones “politizadas” desencadenaron un proceso centrífugo, impulsado fundamentalmente por su dispar posicionamiento frente a los gobiernos kirchneristas. Un sector planteaba que el gobierno era la continuación del menemismo y por ello pretendía desplegar acciones opositoras y de lucha. Otro sector profundizaba sus vínculos con el gobierno nacional, con creciente inserción en puestos de gestión pública, en cargos legislativos y ejecutivos, reforzando la estrategia estatal de “certificación” diferenciada del movimiento. A su vez, otro sector comenzó un acercamiento político con fuerzas de izquierda vinculadas a la experiencia de autogestión de la empresa ZANON, en la provincia de Neuquén.

De las primeras organizaciones del movimiento social se mantiene el Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas por sus Trabajadores (MNFRT), mientras el resto, hacia mediados de la década, ha experimentado procesos de descomposición política y desmoronamientos organizativos.  En este sentido, los mecanismos de correduría y la formación de categorías han reflejado su fragilidad, profundizados por la propia debilidad política de los sujetos que los impulsaron, por un lado, y la acción condicionante del Estado en tanto certificador favorable de determinadas orientaciones políticas de la acción colectiva y obstaculizador de propuestas de autogestión más radicales, por otro lado.

Sin embargo, luego de estas crisis internas, en los últimos años el movimiento se está reconfigurando en términos políticos y organizativos. Las nuevas organizaciones que se fueron constituyendo desde mediados de la década estuvieron impulsadas por los sectores “politizados”, y en la mayoría prevalece el criterio de asumir formatos provenientes del movimiento cooperativo. Concretamente, varios agrupamientos (no todos) adoptan la figura de federaciones o cooperativas de segundo grado, integrando también otros tipos de cooperativas, y ello debido a que se adapta mejor a la articulación institucional entre empresas recuperadas que tienen la forma de cooperativas de trabajo. Sin embargo, algunos espacios organizativos no asumen explícitamente la forma de federación de cooperativas, pero también tienen el objetivo de organizar el sector productivo autogestionado. Hasta el momento, estas corrientes no han logrado una síntesis política nueva de carácter sustantivo. La posibilidad de un acuerdo político requiere de un trabajo de construcción de redes confianza entre las partes, en base a necesidades comunes objetivas.

La mayoría de estas organizaciones tienen, básicamente, una referencia de construcción política estatal-nacional, y el acercamiento político por parte de sus conducciones al gobierno kirchnerista, y a la consiguiente participación en la gestión estatal, orienta sus esfuerzos de elaboración política. Sin embargo, en nuestra investigación también observamos que las conducciones politizadas posicionadas de manera enfrentada al gobierno kirchnerista, por su propia situación de distanciamiento, tienen incentivos a construir vínculos políticos no referenciados con el gobierno o el ámbito estatal-nacional, sino con otros movimientos autogestionarios de América Latina.2

Las diversas conducciones politizadas elaboran sus estrategias de correduría en función de su tipo de vínculo con el Estado. Dicho vínculo, a su vez, está condicionado por las características de los mecanismos de certificación estatal hacia el movimiento. Ambos mecanismos, junto con la transmisión internacional del repertorio de lucha, que favorece la correduría internacional, ofrecen las claves para comprender el peso de la orientación nacional-estatal del movimiento, por un lado, y las motivaciones para tejer alianzas internacionales, por otro.

 

La conformación de redes productivas al calor de la movilización social

La autogestión del proceso productivo interno en las empresas recuperadas implicó la reactualización creativa de rutinas y pautas de trabajo previamente experimentadas bajo la gestión empresarial capitalista anterior. En este sentido, las formas de conducción y de ejercicio del poder interno, del reparto de ingresos y saberes, y de la organización de las tareas, están moldeadas por la movilización social. La movilización, la conflictividad, las  relaciones sociales y experiencias que los trabajadores van estableciendo dentro del movimiento social facilita la transmisión y recepción de marcos y esquemas de interpretación, conducción y autogestión que son puestos en práctica en cada empresa recuperada.

Además de la organización interna, la dimensión externa de la autogestión (su desenvolvimiento en el mercado) también está condicionada por el nivel y alcance de la movilización. En las primeras etapas de cada recuperación han prevalecido exclusivamente estrategias individuales y adaptativas de inserción económica. En términos productivos, inicialmente la gran mayoría de estas empresas adoptaron estrategias precarias, como el trabajo por encargo complementado con la liquidación de stocks para formar un mínimo capital de trabajo, ante la ausencia de capital de giro y de acceso al crédito bancario. A partir de este impulso inicial, un sector de las mismas ha logrado recuperar viejos clientes y proveedores, conquistar otros del rubro, y mejorar su posición relativa. Otro grupo ha encontrado mayores dificultades de consolidarse y ha debido, forzosamente, reconvertirse a otras actividades. Este carácter individual de las estrategias económicas en parte se explica por la ausencia de proyectos de integración productiva entre las empresas recuperadas que hayan sido planeados e impulsados por los sectores dirigentes y más dinámicos del movimiento social. Por el contrario, las prioridades en las primeras etapas de la recuperación de empresas estuvieron asignadas al reconocimiento jurídico de las cooperativas y la construcción y afianzamiento político-organizativo del movimiento.

Observamos un cambio relevante en los mecanismos de correduría producido en los últimos años, dado que la articulación económica/productiva entre empresas recuperadas comienza a constituirse en un punto central de los discursos y las prácticas dentro del movimiento social. Ello se asentó en la reconfiguración de las organizaciones políticas del movimiento. Tanto el pasaje hacia la forma predominante de federaciones de cooperativas u otras variantes similares, como el peso creciente asignado a las posibilidades de cooperación/complementariedad productiva, constituyen condiciones que favorecen los intentos de articulación económica entre empresas recuperadas. De esta forma, a partir de la correduría y la construcción política, y en el marco de las opciones certificadas por el Estado, se van dando los primeros pasos en la conformación de “redes de confianza” entre las empresas en función de objetivos económicos. Dichas redes suponen el desarrollo de diversas conexiones interpersonales, compuestas de lazos fuertes dentro de los cuales los trabajadores aportan recursos valorados como importantes.

Así, han comenzado a implementarse experiencias (todavía embrionarias) de integración económica entre las empresas recuperadas, y que consisten en la conformación de redes entre grupos de ellas con el objetivo de compartir recursos, mercados, condiciones de negociación con proveedores, financiamiento, formación, etc., que complementen las opciones individuales originales de cada unidad productiva. La articulación productiva entre empresas sociales va en línea con la conformación de ámbitos de economía social. En este contexto comienza a circular un discurso social que resalta la relevancia de la articulación económica entre empresas recuperadas. El desafío actual del movimiento es constituirse en un agente económico con mayores niveles de articulación interna de sus recursos y capacidades. Estos discursos y prácticas son impulsados y conducidos por dirigentes del movimiento social, especialmente por aquellos que participan con incentivos “politizados” en las diferentes organizaciones. Estas prácticas pretenden dinamizar, mediante pruebas de ensayo y error, opciones organizativas que fortalezcan política y económicamente al movimiento. Concretamente, los cuadros dirigentes de las empresas gráficas, con el apoyo de los trabajadores de base, así como del sindicato gráfico, fueron forjando consensos sobre la conformación de una red de complementación productiva entre empresas gráficas (la Red Gráfica), que asume la acción colectiva de articular una política común de compras, almacenamiento, producción, gestión de calidad, recursos humanos, capacitación y formación, financiamiento, comercialización y difusión. Estos proyectos empalman con los incentivos pragmáticos de los trabajadores, que aspiran a garantizar su posición económica. Hasta el momento de nuestro trabajo de campo la Red Gráfica contaba con 15 cooperativas, que abarcan las distintas etapas de la producción gráfica. Ello permite efectivizar una estrategia de movilización de recursos conjuntos para sostenerse en el mercado .

Otro caso de articulación productiva lo constituye la red de empresas metalúrgicas (también participan químicas, plásticas) en la provincia de Buenos Aires. En este consorcio productivo también ha resultado decisiva la articulación política previa entre las empresas recuperadas, el sindicato metalúrgico (la seccional de Quilmes) y sectores universitarios, que aportaron una serie de vínculos internacionales estratégicos que facilitaron financiamiento y asesoramiento productivo. Específicamente, la red ha tejido vínculos con una ONG italiana (COSPE), que supone un asesoramiento internacional que les ha aportado a los trabajadores capacitación laboral, técnica y tecnológica, y una estructura logística que permite una vinculación online entre los ordenadores de las empresas recuperadas que forman la red. Dicha interconexión facilita el conocimiento sobre la capacidad productiva de cada una de las empresas a cada momento, y constituye un avance para la coordinación de la actividad productiva de manera colectiva. También han elaborado un Centro de Diseño, que favorece nuevos procesos de fabricación, capacitación y asesoramiento externo. La articulación productiva resulta positiva para otorgarle mayor peso propio a las empresas recuperadas, para negociar condiciones financieras, comerciales, etc. con proveedores y clientes.  Dichas redes de autogestión ofrecen oportunidades que estarían fuera del alcance de empresas actuando aisladamente.

Los ejemplos señalados inspiran estrategias similares en empresas recuperadas que están en una etapa menos avanzada de articulación económica, y favorecen la circulación de proyectos similares. Así, por lo analizado, parece ir complejizándose el repertorio económico de la recuperación de empresas debido a la transferibilidad de estas formas de acción colectiva, favorecido por la movilización. La misma constituye el fundamento social sobre el que se erigen esbozos de articulación económica, conformando incipientes ámbitos de economía social autogestionada.

Las redes de confianza entre empresas recuperadas son las que facilitan la articulación económica. La lógica social que favorece una articulación productiva entre empresas recuperadas requiere, además de requisitos tecno-productivos, de una articulación política previa entre los actores sociales. Las opciones de configurar redes económicas surgen como posibles y viables en la medida en que sus integrantes hayan acordado el sentido, la orientación y los intereses materiales y políticos que se ponen en juego en este tipo de emprendimientos. Y dichas redes se organizan porque existe movilización. Por ello la movilización social constituye una dimensión central para comprender  cómo se autogestionan las empresas.


NOTA: Este texto es una reelaboración de un artículo que he publicado junto con Ignasi brunet. Referencia: Alejandro Pizzi e Ignasi Brunet Icart. "Autogestión obrera y movilización social: El caso de las empresas recuperadas argentinas en la Ciudad de Buenos Aires y Provincia de Buenos Aires."Latin American Research Review 49, no. 1 (2014): 39-61

 

Referencias

1 Así, en ocasión del Primer Encuentro Latinoamericano de Empresas Recuperadas realizado en Venezuela (2005), sectores del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas contactaron con el Movimiento de Fábricas Ocupadas de Brasil, organizado por militantes del Partido de los Trabajadores (PT) brasileño, y apoyado por el Movimiento de los Sin Tierra (MST) y la Central Sindical PIT-CNT de Uruguay, que también agrupa empresas recuperadas. Estas agrupaciones, junto a la Federación de Mineros de Bolivia, organizaron en 2006 el Frente Revolucionario de Trabajadores de Empresas en Cogestión y Ocupadas (FETRECO), en Venezuela. Este incipiente espacio político latinoamericano impulsó en Brasil la organización del Encuentro Pan-Americano en defensa del Empleo, los Derechos, la Reforma Agraria y el Parque Fabril, en el que también participó la Central Única de Trabajadores (CUT) de Brasil y empresas recuperadas de Paraguay. De esta forma, se va configurando una alianza embrionaria entre un sector de empresas recuperadas de Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela. En este contexto se organizó el Segundo Encuentro de Empresas Recuperadas en Venezuela en 2009, en el que se afianzó la voluntad de configurar un espacio latinoamericano que fortalezca las experiencias de autogestión.

 
 

 

About Author(s)

Alejandro Pizzi
Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires. Máster en Sociología Económica (Universidad Nacional General San Martín -Argentina-) y Máster y Doctorado en Economía y Empresa, con orientación en Sociología, por la Universidad Rovira i Virgili (España). Actualmente profesor de Sociología en la Universidad de Valencia (España). Las principales líneas de investigación son los movimientos sociales, la sociología económica y las relaciones laborales. Ha escrito varios libros y artículos en revistas especializadas sobre estas temáticas.