El Boom y el Fracaso de los Intelectuales: Cien Años de Soledad y Conversación en la Catedral

Wednesday, February 17, 2016 - 13:00

El debate en torno al papel de los intelectuales tiene un lugar central en el Boomde la Literatura Latinoamericana. Por un lado, porque es un momento en que los escritores saltan a la esfera pública e intervienen en ámbitos que exceden o literario. Por otro, porque ha sido uno de los temas que ha ocupado a la crítica en su afán de adscribir el fenómeno al mercado o a las circunstancias políticas de América Latina. Las formas de participación y los posicionamientos de los escritores de la época como colectivo y de cada uno en particular han sido visitadas reiteradamente como también lo han sido las contradicciones generadas por la asunción de un nuevo rol en la esfera pública sin dejar de lado la actividad que los definía como escritores –y de la que, de más está decir, dependía su relevancia en la esfera pública.

 No es la intención de este artículo volver sobre esa problemática que es histórica y tiene manifestaciones concretas sino indagar en las representaciones de intelectuales presentes en la literatura del momento –particularmente en las novelas Conversación en La Catedral (1969) de Mario Vargas Llosa y Cien años de soledad (1967) de Gabriel García Márquez– bajo el supuesto de que allí se negocian algunos de los significados que se están poniendo en juego en el mundo real y se dirimen problemáticas presentes en los debates que les son contemporáneos con una mirada más amplia que la que opone al escritor y el político (o al intelectual y el revolucionario).

El artículo recorre algunas de las elaboraciones teóricas sobre los intelectuales (Altamirano, 2006; Bauman 2005; Said, 2004) no para aplicar sus definiciones sino para localizar la función intelectual en los personajes principales y, a partir de ellos, reconstruir una definición del intelectual. Si el análisis se restringe a algunas zonas de las novelas – el camino del fracaso de Santiago Zavala en Conversación y lo que gira en torno a Melquíades, el manuscrito y sus descifradores en Cien años–, en ambas pueden leerse modos de estar en el mundo de los intelectuales, funciones que los insertan en la sociedad. La tarea de Santiago Zavala y la de Aureliano Babilonia es descifrar: la historia del padre de Santiago, que es a la vez vía de acceso a la trama política del Perú, o la profecía sobre la estirpe de los Buendía, que es el relato mítico de los orígenes de, al menos, una región de América Latina. La contradicción entre la actividad intelectual y la acción política, que es una problemática fundamental para la intelectualidad y especialmente en el momento en que se escriben estas novelas, es la dualidad que existe entre los aurelianos y que está también presente en la biografía de Santiago Zavala. Las dos novelas ofrecen soluciones imaginarias –que no quiere decir felices– para problemáticas muy concretas de los intelectuales: la función social, la relación con la política, los modos de estar y hacerse cargo del mundo sin perder la especificidad de la esfera cultural.

En una primera parte del artículo, entonces, se estudia el modo en que los personajes se abocan a su tarea principal como intelectuales: descifrar. Santiago, que busca descubrir su propio fracaso y el del Perú, parte de la conversación que sostiene con Ambrosio pero que remite a otros diálogos para completar la información. Su fuente es oral y su informante su subalterno. En Cien años el fracaso es el de la nación que se confunde con la familia pero su fuente es escrita y proviene del iniciador de la sucesión de intelectuales, Melquíades. El intelectual es un investigador-detective o un lector.

En un segundo momento, se focaliza en las inflexiones que en las novelas adquiere uno de los grandes tópicos de los intelectuales de todos los tiempos: las armas y las letras o, los intelectuales y la política; la forma en que en un caso se escinden como momentos de la biografía de Santiago y en el otro se reparten entre miembros de la familia. La coincidencia, parcial, resalta una diferencia: mientras en Cien años los términos de la oposición son ejes de una oscilación que coexisten a menudo como contradicción, en Conversación política y vida intelectual son polos cuya elección es el andamiaje del fracaso de Santiago.

Las dos novelas definen modelos intelectuales en la forma en que sus personajes intelectuales resuelven la materia a la que se enfrentan: los manuscritos de Melquíades, la dispersión informativa de los diálogos de Conversación. No es que el desciframiento establezca un modelo en un sentido programático. Al contrario, las dos novelas muestran al intelectual como fracasado lo que, sin embargo, presenta una posible resolución de las contradicciones planteadas anteriormente. Santiago resuelve su caso cuando vuelve a adentrarse en el mundo del que buscaba evadirse, descifra porque lo político está tramado con lo personal. Sin embargo, el fracaso reside en que no hace nada con la verdad que descubre. El intelectual es el único sujeto capacitado para desentrañar la trama de sucesos que constituyen la ruina personal y nacional pero no produce ni cambia nada porque se niega a hacerlo. El mismo problema aparece en la actividad de descifrar los manuscritos de Melquíades. Le lectura de la profecía en el mismo momento en que se está cumpliendo el último hecho de la serie hace que los esfuerzos de todos los Buendía desde el principio de los tiempos (de la novela) parezcan inútiles. Aureliano Babilonia tampoco puede cambiar lo que está escrito pero el desciframiento es, en sí mismo, la unidad entre la actividad mental y la política: decir lo que necesita ser dicho. El fracaso de la acción es la constatación de la especificidad de la tarea intelectual: la elaboración y conservación de la memoria, una versión del pasado que apunta hacia el futuro.

La actividad de descifrar las palabras de los otros que Santiago comparte con Aureliano Babilonia los lleva a un lugar similar: los dos descubren una verdad que los involucra personalmente –las dos son historias familiares– pero que también los excede porque intercalada con la historia privada está la historia de Macondo y la de la trastienda del gobierno de Odría en el Perú. El mundo irrumpe en la tarea de los intelectuales; su única función se desprende de la capacidad para saber leerlo. Lo que queda inconcluso es qué pasa con lo que fue descifrado: donde Santiago calla y oculta, Aureliano hace una lectura que revela. Los personajes muestran las líneas en las que se están pensando los intelectuales reales de la época. La oposición entre los dos no es sino el mismo intento por resolver la contradicción entre la palabra y la acción.


 NOTA: la versión completa de este artículo fue publicada en Catedral Tomada vol. 2 Nº 3 (2014). Disponible en: http://catedraltomada.pitt.edu/ojs/index.php/catedraltomada/article/view/70 (DOI:http://dx.doi.org/10.5195/ct/2014.70)

 

Corpus

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Vargas Llosa, Mario. Conversación en La Catedral. 1969. Buenos Aires: Alfaguara, 2005.

---. La señorita de Tacna. Kathie y el hipopótamo. Buenos Aires: Alfaguara, 2005.

 

Bibliografía citada

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Priya Ravi